Virginia Gutiérrez de Pineda una auténtica feminista

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Ilustración de Virginia Gutiérrez de Pineda sentada en una biblioteca, referente del feminismo situado en Colombia
El 2 de septiembre de 1999 murió en Bogotá Virginia Gutiérrez de Pineda, pionera de la antropología colombiana y una de las primeras mujeres en estudiar la sexualidad del país desde las ciencias sociales. Veintiséis años después, su nombre sigue asociado a un feminismo construido desde la vida concreta de las mujeres colombianas, lejos de los debates formales que otras corrientes privilegiaban.

¿Quién fue Virginia Gutiérrez de Pineda?

Nació en El Socorro, Santander, en 1921, y se formó en la Escuela Normal Superior y luego en el Instituto Etnológico Nacional, en una época en que la presencia femenina en la educación superior era mínima. Los sectores conservadores que desmantelaron la Normal en los años cincuenta vieron con recelo su vocación académica. 

Con Familia y cultura en Colombia clasificó al país en complejos culturales, el santandereano, el andino, el antioqueño y el litoral fluvio-minero, y demostró que la nación no funcionaba como una familia homogénea sino como un conjunto de estructuras regionales distintas entre sí. Ese hallazgo, hoy aceptado sin discusión, le costó ser señalada de "comunista" por cuestionar los mitos sobre la unidad nacional.Mujer wayuu cubierta con una manta roja, contexto cultural del feminismo situado de Virginia Gutiérrez de Pineda

¿Cómo entendía el feminismo Virginia Gutiérrez de Pineda?

Para el historiador Pedro Camargo, quien fue su asistente de investigación en los años ochenta, Virginia nunca se proclamó feminista, pero dedicó su vida a reivindicar a las mujeres a partir de la realidad material de cada una. Por eso nunca buscó quitarse el "de Pineda" de su nombre. Según explicaba, los debates formales sobre los apellidos no le interesaban. Lo que le importaba era cómo vivían, trabajaban y resistían las mujeres en sus propios entornos.

En cada etapa de su vida recogió experiencias que le permitieron comprender mejor la complejidad de la sociedad que se esforzó por estudiar y transformar. En 1947, durante una estancia en La Guajira, entrevistó a una mujer wayuu que le contó cuánto había pagado su marido por ella. Virginia, criada dentro de otra lógica cultural, consideró indigno que el valor de una mujer pudiera medirse en cabras o vacas. La respuesta que recibió la obligó a reconsiderar su juicio: si la familia de su futuro marido no hubiera entregado esos animales como la dote, dentro de aquella cultura ella no habría valido nada.

La anécdota llevó a Virginia a comprender que el feminismo no podía ejercerse a partir de proclamas abstractas, sino desde las condiciones concretas en las que vivía cada mujer. Entendió que, para hablar de libertad femenina, primero había que reconocer la diversidad de esas realidades, algunas de ellas dolorosas para sus propios ojos. Su enseñanza conserva vigencia: cualquier lucha por la equidad pierde sentido cuando se separa de la vida cotidiana y de las condiciones materiales de las mujeres.

Su investigación sobre el patriarcalismo en Santander mostró con detalle cómo la autoridad masculina se había incrustado en las instituciones, la religión y la cultura. Estudió el control sobre la virginidad y la maternidad, la subordinación de las mujeres dentro de la familia y la dependencia económica que producía su confinamiento al espacio doméstico.

¿Cómo fue su matrimonio con Roberto Pineda Giraldo?

En 1945 se casó con Roberto Pineda Giraldo, también antropólogo. Pedro Camargo constató que a diferencia de muchos matrimonios de su tiempo, la relación fue de camaradería y colaboración científica. Juntos viajaron a La Guajira y al Chocó, y esas expediciones produjeron investigaciones que hoy son clásicos de la antropología colombiana. Roberto admiraba el rigor de Virginia y le dio un lugar protagónico en los proyectos que compartieron.  

Ser madre de cuatro hijos y académica de tiempo completo no eran, para ella, mundos opuestos. Sostenía que una mujer intelectualmente formada ofrecía mayores garantías para el hogar, una idea que rompía con el supuesto de que maternidad y ciencia no podían coexistir.

Portada del libro Honor, familia y sociedad sobre patriarcalismo en Santander de Virginia Gutiérrez de Pineda

¿Qué aportó Virginia Gutiérrez de Pineda a la antropología y a la salud pública?

Se especializó en la Universidad de California, Berkeley, y desde ahí abrió en Colombia el campo de la antropología médica. Introdujo la mirada cultural en la salud pública. Estudió las resistencias frente a la medicina occidental y documentó el peso de la medicina popular en las comunidades. Sus investigaciones sobre curanderos, plantas medicinales y rituales tradicionales obligaron a las facultades de medicina a reconocer el peso de la cultura en la salud de los pacientes.

Su trabajo sobre la vida sexual asociada con los tipos de familia en cada complejo cultural la sitúa entre las primeras mujeres en estudiar la sexualidad colombiana desde las ciencias sociales.

¿Por qué defendió la universidad pública?

Gutiérrez de Pineda dedicó gran parte de su vida a la docencia en la Universidad Nacional. Instauró la cátedra de Antropología Médica en la Facultad de Medicina y fue profesora en la Facultad de Ciencias Humanas. Sus clases formaron generaciones de antropólogos y médicos y le valieron el nombramiento como Profesora Honoraria tras su jubilación.

Pedro Camargo subraya el papel que ella le dio a la Normal Superior, la institución donde se formó y enseñó antes de que la reacción conservadora truncara su proyecto modernizador. Para Virginia, esas instituciones eran vitales para democratizar el conocimiento y darle a las mujeres un lugar en las ciencias sociales.

Billete colombiano de 10.000 pesos con el rostro de Virginia Gutiérrez de Pineda

¿Qué reconocimientos recibió Virginia Gutiérrez de Pineda?

En vida recibió la medalla Camilo Torres y la Orden Presidencial al Mérito, y fue declarada Mujer del Año en 1967. Tras su muerte, el Banco de la República puso su rostro en el billete de 10.000 pesos, y la Universidad Nacional bautizó con su nombre el edificio de posgrados de Humanidades.

A 26 años de su muerte, Virginia Gutiérrez de Pineda sigue siendo ejemplo de rigor, valentía y compromiso con la realidad: su feminismo situado demuestra que no existe una única forma de luchar por las mujeres y que el análisis debe partir siempre de las condiciones concretas en que ellas viven.

En un país donde persisten inequidades profundas, cada billete de 10.000 pesos que pasa por las manos de los colombianos recuerda a la santandereana que se atrevió a estudiar lo que nadie quería ver, que se negó a callar y que entendió el feminismo como una práctica de la vida diaria.

Esta nota fue publicada originalmente en mascolombia.com